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Análisis de la primera vuelta del Real Valladolid

Written By Juan Carlos Rodríguez dos Santos on viernes, 10 de enero de 2014 | 15:51

No anda bien el Real Valladolid. De la mano de Juan Ignacio Martínez, exentrenador del Levante, no ha logrado encadenar dos partidos seguidos no ya ganando, sino al menos demostrando un buen juego. Esta falta de regularidad ha venido provocada, en parte, por la ausencia hasta prácticamente el ecuador de la temporada de Víctor Pérez y Óscar González, hombres capitales en el ascenso conseguido hace dos años y en la pasada campaña, en la que el equipo ofreció muy buenas prestaciones bajo el mando del hoy denostado Miroslav Djukic.

Alberto Marcos, actualmente director deportivo y otrora ocupante del carril zurdo de la zaga blanquivioleta, dijo en la presentación del sustituto del serbio que no habría más que un plan, que el sino del Pucela era ser continuista y, su intención, seguir siendo Valladolid. Sin embargo, empezada la temporada, ante las ausencias antes comentadas, y por la falta de sustitutos de garantías en los dos casos –sobre todo en el de Óscar-, el equipo se vio obligado a ser otra cosa.

Efectivamente, el plan inicial pasaba –y pasa- por ser protagonista a partir del manejo del esférico. No obstante, desde que comenzó el curso se vio que, ante la falta de los dos jugadores más dotados para llevar el peso del encuentro, esta idea quizá debía ser matizada. Y así ha sido, si bien tampoco han logrado imponerse las diferentes alternativas planteadas.

Unos días el Real Valladolid ha sido el de la presión alta. Otros, ha apostado por un repliegue intensivo. En no pocas ocasiones ha buscado una salida pausada desde la primera para luego realizar un envío en largo hacia un puñal ofensivo. Ha tenido en Javi Guerra una suerte de segundo punta, capaz de asociarse en tres cuartos, y en el sueco Daniel Larsson al hombre que ha hecho volver al malagueño a la posición más adelantada del ataque.

Por la franja ancha, a la espera de que el fútbol lo ponga Víctor Pérez, han pasado Javier Baraja, Lluís Sastre, Álvaro Rubio y Fausto Rossi. El capitán, como siempre, ha sido el último recurso y, también como siempre, ha rendido. Bastante más que Sastre, cabe decir, puesto que el balear aún no ha sido capaz de responder al voto de confianza que su míster ha depositado en él desde el primer día. Al contrario que Rossi, sin duda alguna, la gran revelación de la campaña. Y de un Álvaro Rubio al que se le va apagando el fútbol, pero no el rendimiento.

Cabe esperar de estos dos un triángulo de mayor importancia que alcanzada en los momentos, escasos, en los que Juan Ignacio apostó por trivotazo, bien con Óscar o con Víctor Pérez. O, ¿por qué no con los dos? Teniendo en cuenta que en la banda izquierda no ha sido regular un solo jugador, no sería descabellado imaginarse a los cuatro sobre el verde, con Fausto Rossi en acostado cerca de la cal, como ocurrió en el Trofeo Ciudad de Valladolid (cuando, dicho sea de paso, la intención primera era que fuera Óscar el extremo con tendencia interior).

En la defensa, pocas cosas han cambiado con respecto a la temporada pasada. Solo Peña, que ha entrado por el otra vez león Mikel Balenziaga. Al menos en lo tocante a los nombres, porque, a decir verdad, ha habido más variaciones. Marc Valiente ha desplazado a la posición de central izquierdo a Jesús Rueda, allí donde el pacense hizo aguas en los primeros tiempos de Djuka, con el bajón de rendimiento que esto conlleva en el que fuera mediocentro.

Junto a ello, no hay un tercer central que apriete, ya que el dominicano Heinz no ha logrado ser más que un solomillo, y no de primera, precisamente. Un nuevo cambio de roles o la llegada de un verdadero competidor podría devolver la tensión a dos zagueros que están más lejos si cabe de su viejo nivel que Toni Rukavina, quien no termina de confirmarse como lo que parecía que podía ser, uno de los mejores de la Liga en su puesto.

Aunque antes se ha definido a Fausto Rossi como la gran revelación de lo que va de temporada, el vigués Diego Mariño merece también una mención especial, dado su alto rendimiento. Conocedor del fútbol patrio, internacional sub 21, el guardameta llegó para ser titular y dar un salto de calidad a la portería, especialmente en lo que se refiere al juego con los pies. Y vaya si lo ha hecho.

El centrocampista italiano era un viejo anhelo de la dirección deportiva. El arquero, una sorpresa, ya que por más que se barruntase la posibilidad de que el equipo se iba a reforzar en su posición, su fichaje se fraguó con el mayor de los sigilos. Todo lo contrario a como está siendo su participación, salvadora, de campanillas y, quizá, regular como la de ningún otro elemento de la plantilla; Javi Guerra al margen. Es, con todo, la mayor promesa del plantel, y de continuar con la evolución que viene mostrando, no sería extraño verle no tardando en una entidad mucho mayor.


La estrella

Dado que Óscar González, el jugador contextual del Real Valladolid, se ha pasado lesionado buena parte de la temporada, es más justo analizar a uno de los hombres que sí han participado en alta medida. Uno que, como verán, no ha sido citado por el momento; el alemán Patrick Ebert.

El extremo teutón cumple el segundo de sus años de contrato, después de ser una de las peritas en dulce del pasado mercado estival. Ninguno de los intereses por él fraguó siquiera en oferta, bien porque no seducía lo suficiente el hecho de saber que no sería traspasado por menos de los ocho millones de cláusula o porque tanto su carácter díscolo como su físico suscitan dudas.

Comenzó la temporada prometiendo echarse el equipo a las espaldas y celebrando goles con saludos militares, autoproclamándose, sin decirlo, comandante de un equipo que adolecía –y adolece- de un líder con carácter dentro del campo, pero se ha ido diluyendo, entre nuevos problemas físicos, reproches varios a compañeros, que llevaron al capitán a llamarle a filas, y un rendimiento que dista mucho del que ofreció el pasado curso.

Se espera mucho más de él, porque se sabe que puede darlo. Es, de largo, el mejor jugador blanquivioleta, aunque por estas cuestiones ni tan siquiera la temporada pasada se puede decir que fuera el más determinante. A punto de cumplir 27 años, entra en una edad clave para cualquier futbolista, en la que debe demostrar si es válido como extremidad o cola de león o, como hasta ahora, únicamente cabeza de ratón.


La revelación

Publicaba quien escribe cuando empezó la temporada, en Blanquivioletas, el portal que dirige sobre información del Real Valladolid, que Fausto Rossi es algo más que un chico guapo. Y no se equivocó, ya que el centrocampista italiano, de claros ojos y sonrisa de Cannavaro, se ha destapado como uno de los baluartes del equipo que dirige Juan Ignacio Martínez.

Llegó con la vitola de promesa, como tantos otros tantos el pasado verano y tanto a orillas del Pisuerga como de otros ríos, y es, en el silencio mediático que envuelve a todo aquello que no es Barcelona y Real Madrid, uno de los jugadores que más y mejores condiciones vienen confirmando en toda la Primera División. Es guerrero, se asocia, tiene carisma, es versátil, tiene ritmo… Como Diego Mariño, revelación al alimón, no sería de extrañar que en apenas un par de años se le pueda disfrutar en alguna competición europea o en alguna entidad de mayor nivel.

Es un emperador, pues su voz impera, jerarquía que sorprende en un recién llegado y por su edad, y porque su presencia en el campo siempre se nota. Su hándicap es que, por el momento, se ha destapado menos como llegador de lo que puede, debe y sabe.


El entrenador

No es Juan Ignacio Martínez un entrenador de perfil blanquivioleta. No porque su Levante jugase distinto a lo que venía haciendo Miroslav Djukic, sino porque, para el banquillo del Nuevo José Zorrilla, los técnicos de pizarra, vídeo y libreta no están bien vistos.

Y es una lástima, porque, probablemente, Juan Ignacio sea el mejor técnico que ha visto esta ciudad en, como poco, la última década. Sin embargo, sucede que, si la pelotita no entra en la jaula, de nada sirve ser metódico y analista. Carece de valor alguno tratar de cambiar el club en un buen puñado de esferas si luego resulta que los resultados no se dan.

El exentrenador levantinista dio un giro a los entrenamientos y a la observación del rival y del trabajo propio, con un grupo de profesionales que jamás antes se había visto en las oficinas de la Avenida Mundial 82. Con personalidad, algo que dicen que no tiene, tanta que le costó encajar en el entorno.

Transcurrida la mitad de la campaña, parece haberse hecho por fin a esos usos y costumbres que tan bien manejaba Djukic, más líder y menos mánager que él, lo que invita a pensar que, una vez se ha ganado respeto y tranquilidad, a pesar de que la situación deportiva no es la mejor, las cosas irán a mejor. ¡Más vale!


El pronóstico

Dicho esto, es de recibo señalar que cierto sector de la afición no ha terminado de hacerse a Juan Ignacio. Y, con él, tampoco gente más cercana a su trabajo, dentro incluso del vestuario. Vaya, que el respeto y la tranquilidad son relativos. En buena lógica, por una mera cuestión de apetencia y resultados.

En defensa el equipo ha mostrado hasta el momento más fragilidad que el pasado año. En ataque, produce menos ocasiones que ningún otro conjunto de Primera, lo que guarda relación con la escasa producción futbolística vista hasta el momento. Pero, con todo, el equipo compite y apenas se ha visto ampliamente superado por rival alguno.

La lógica dicta que si Víctor Pérez y Óscar alcanzan un alto nivel de piernas y juego, Real Valladolid crecerá con ellos y se salvará. Para ello, no obstante, ha de hallarse por fin la tecla inóspita, la idea a desarrollar, y ha de hacerse con presteza, pues la clasificación apremia.

Junto a la recuperación y adaptación definitiva de los dos grandes ausentes en el primer tramo de la temporada al manual de Martínez, el Pucela necesitará un poco más de Patrick Ebert y que Javi Guerra sea, como mínimo, algo semejante a lo que viene siendo. Si estos cuatro jugadores –y algún que otro secundario más mantiene la forma actual- rinden a un buen nivel, aunque apurados) porque ese es el sino del Valladolid, vivir al límite), los blanquivioletas se ganarán, seguro, su estancia en la Primera División un año más.

Artículo escrito por:
Jesús Domínguez

Director de Blanquivioletas
Redactor de DXT Base de El Norte de Castilla @JesuDominguez
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