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Un ‘matagigantes’ con licencia para soñar

Written By J. Julián Fernández S. on jueves, 12 de abril de 2012 | 12:28


El fútbol siempre es capaz de ofrecernos sorpresas maravillosas. Sobre todo, en los campeonatos de Copa, donde los ‘grandes’ parecen menos poderosos y los pequeños dejan atrás todos sus complejos y se crecen. Buena muestra de ello fue la espectacular participación de este año del Mirandés, que pese a ser de Segunda B llegó a las semifinales del 'Torneo del KO', dejando en la cuneta a tres ‘Primeras’ como el Villarreal, el Racing de Santander y el Espanyol.

Pues bien, en Francia le ha salido un importante competidor al conjunto burgalés. Se trata del Quevilly, un modestísimo conjunto recién ascendido al Championnat Nacional, el equivalente a nuestra Categoría de Bronce, que se ha plantado en la mismísima final de la Copa de Francia, tras deshacerse de manera épica del Rennes, que actualmente ocupa la sexta plaza en la tabla clasificatoria de la Ligue 1.


De hecho, a los aurinegros se les puso cuesta arriba el partido bien pronto, a los seis minutos de juego, cuando Feret puso el 0-1 en el marcador. Pero el cuadro del Amable Lozai no se dio por vencido, hasta el punto de volver a equilibrar la contienda a la hora de partido, con un tanto de Karim Herouat. Y, a partir de ahí, los pupilos de Régis Brouard se lanzaron a 'tumba abierta' a por la machada, que pudieron firmar en el tiempo de prolongación, cuando Anthony Laup anotó el definitivo 2-1, provocando el éxtasis de la hinchada del conjunto de la Petit Quevilly.

Así, el nombre del Rennes se unió a la lista de ilustres víctimas de este nuevo ‘matagigantes’, en la que ya figuraba el del Olympique de Marsella, a quien dejó fuera de combate en cuartos de final, en un encuentro que también estuvo marcado por la emoción. En aquella ocasión, Julien Valero adelantó en el luminoso al Quevilly en los primeros compases, aunque Rémy, casi en el último suspiro, igualó para los del Vélodrome, forzando la prórroga. Y allí, el fútbol se tornó en espectáculo, puesto que Ayina logró el 2-1, pero, acto seguido el ‘OM’ volvió a empatar por medio de Rémy. Aunque, cuando todo hacía indicar que el pase se iba a decidir en la lotería de los penaltis, Ayina, de nuevo, marcó el 3-2 y certificó el pase de los aurinegros.


Con ambos ejemplos, queda claro que el Olympique de Lyon, que será su rival en la gran final, tendrá que emplearse a fondo para imponerse a este conjunto que, como demuestran los hechos, jamás se da por vencido. Máxime, cuando se encuentra ante una oportunidad histórica, aunque no única en sus 110 años de historia. Porque, aunque hablemos de un club acostumbrado a pelear lejos de los focos y las cámaras de televisión, en las categorías inferiores del balompié galo, esta no será la primera vez que pelee por hacerse con un título.

No en vano, los del Amable Lozai se vieron en la misma situación hace muchísimo tiempo, en 1927. Entonces, cuando faltaban aún cinco años para que naciese la Ligue 1, los aurinegros llegaron hasta el duelo decisivo, en el que se midieron al Olympique de Marsella sobre el césped del estadio de Colombes. Allí, la suerte no les acompañó, hasta el punto de que terminaron cayendo de manera estrepitosa, por 3-0, frente a un ‘OM’ que se hizo así con su tercer título copero.


Pese a ello, el Quevilly volvió a protagonizar otras dos gestas dignas de mención desde entonces. La primera, en 1968, cuando llegó hasta las semifinales, en las que tuvo que hincar la rodilla ante el Girondins de Burdeos, que le ganó por 2-1. El segundo, en 2010, cuando también alcanzó la penúltima ronda, cayendo frente al Paris Saint Germain por 0-1. Pero esta vez, los pupilos de Régis Brouard intentarán que la historia sea diferente, emulando en su versión moderna y futbolera la fábula de David contra Goliat.

Antes de que eso ocurra, volverán a la realidad del Championnat Nacional, donde buscarán sellar matemáticamente una permanencia que actualmente acarician, al contar con siete puntos de ventaja sobre el descenso. Después, será el momento de soñar, de sentirse un ‘grande’ en Saint Denis. Porque, a base de esfuerzo y coraje, se han ganado el derecho a hacerlo, confirmando que, pese a lo que parece últimamente en este deporte de multimillonarios y cifras mareantes, hay casos en los que siguen importando más los hombres que los nombres.

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