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Broche de plata, pastel sin guinda

Written By Isabel Aguilar on lunes, 11 de febrero de 2013 | 12:15

Zeballos y Nadal, en Viña del Mar (Chile)

Dos finales perdidas de sopetón. Ése es el balance que se lleva Rafa Nadal tras su vuelta al circuito. No obstante, el balear puede estar más que satisfecho con su regreso. Vamos por partes.

Horacio Zeballos (Mar del Plata, 1985) se impuso al balear en la final del torneo chileno de Viña del Mar tras casi tres horas de juego y un marcador para la historia: 6-7 (2), 7-6 (6) y 6-4. El argentino (73º en el ranking) jugó el partido de su vida y Rafa no pudo ponerle el ansiado broche de oro a su reaparición.

Ganó Nadal el primer set en el ‘tie break’ pero, lejos de mermar la intensidad del encuentro, perdió la segunda manga en la muerte súbita, que esta vez se decantó a favor de Zeballos. Marcadores a cero y vuelta a empezar. En otro tiempo esto hubiera supuesto una clara ventaja para el español, por su fuerza física y mental, reforzadas en situaciones límite. No está Nadal al 100% y Zeballos parecía ser consciente de ello. «Ahora o nunca».

La estampa de ambos jugadores era cuanto menos dispar. Zeballos, bailando en el banquillo entre juego y juego. Nadal, mordisqueando un plátano y con mirada de concentración. El argentino, divirtiéndose. El balear, examinándose.

Rafa Nadal se despide del público en Viña del Mar
El último juego del partido, impecable exhibición de Zeballos, consumó lo que muy pocos han logrado hasta la fecha: batir al rey de la tierra en arcilla y hacerlo, además, remontando un set en contra. El argentino se une a un selecto club, aunque para ello se haya aprovechado de un tenista convaleciente.

Sólo unas horas después, Nadal estaba citado junto a Juan Mónaco para disputar otra final, la del cuadro de dobles, ante Paolo Lorenzi y Potito Starace. La pareja de amigos cayó 6-2 y 6-3. Rafa se llevaba a casa un 2x1 en derrotas sobre arcilla.

La lectura negativa de la jornada es obvia: Nadal podía haber regresado a lo grande en Viña del Mar pero se ha quedado a las puertas. Derrota en una final individual sobre polvo de ladrillo y habiéndose adjudicado el primer set. Remar, remar y morir en la orilla. El manacorí declaró tras el partido que la rodilla le sigue molestando. «Me falta velocidad, energía y potencia», explicó. «Me falta todo eso que me da la competición y la confianza en mi físico que, a día de hoy, no tengo».

La lectura positiva, sin embargo, es la más justa con el tenista balear. Rafa estaba presente en una final tras siete meses apartado de las pistas. Buscaba ritmo, rodaje, volver a sentir el gusanillo de la rivalidad. Todo ello se lo dio Zeballos. Nadal se ha probado a sí mismo y está feliz: «No ha podido ser, pero para mí el hecho de estar aquí ya es un triunfo». El mallorquín señaló que está dispuesto a «aceptar las adversidades con la mejor cara posible». Los próximos desafíos de Nadal pasan por Sao Paulo (Brasil) y Acapulco (México), retos indispensables para enfilar en buenas condiciones los grandes torneos de tenis. 
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