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Un 'rockero' que nunca 'muere'

Written By J. Julián Fernández S. on martes, 3 de abril de 2012 | 13:05


Hay jugadores por los que parece que no pasa el tiempo, que llevan ahí prácticamente toda la vida. Algunos, incluso, son capaces de continuar jugando al máximo nivel, como si los años, lejos de mermar sus facultades, las hicieran aún mejores. ‘Cracks’ que podría decirse que han hecho un pacto con el diablo, puesto que viven una eterna juventud que les hace estar muy por encima incluso de sus presumibles relevos generacionales.

Es el caso del incombustible Clarence Seedorf, que en este 2012 cumple su vigésimo aniversario en la élite del mundo del balompié. Y es que el holandés hizo sus primeros pinitos a nivel profesional a finales de 1992, cuando con apenas 16 años Louis Van Gaal le hizo debutar en el Ajax. Fueron sólo tres partidos, dos de la Eredivisie y otro en la UEFA, sumando apenas 37 minutos sobre el terreno de juego, pero que le sirvieron para dar muestras de su innegable calidad.


Pero abrirse un hueco en aquel conjunto que comenzaba a despuntar era tremendamente difícil, hasta el punto de que durante la campaña siguiente, apenas pudo disputar un encuentro oficial, ante el Feyenoord. En él, fue titular, experimentando una sensación a la que se acostumbraría en la 94/95. No en vano, salió de inicio en todos y cada uno de los 14 duelos en los que estuvo presentes, aportando así su granito de arena para que el cuadro de Ámsterdam firmase un curso memorable, logrando la Supercopa de Holanda, la Eredivisie y la Champions.

Sin embargo, Seedorf, que incluso ya se había hecho un habitual de la ‘Oranje’, cambió de aires ese verano, marchándose rumbo a Italia, donde se enroló en las filas de la Sampdoria. Y allí, pese a no ganar ningún título, sí que despuntó y llamó la atención de los más grandes de Europa, hasta el punto de que el Real Madrid de Fabio Capello no dudó en pagar casi 5 millones de euros para hacerse con sus servicios.


Y en el conjunto merengue se produjo su explosión definitiva. No en vano, se convirtió en pieza básica del equipo en las dos temporadas y media en las que defendió su elástica, convirtiéndose en campeón de una Liga, una Supercopa, una Copa Intercontinental y una Champions. A pesar de los recurrentes cambios de técnico que protagonizó la entidad de La Castellana, el holandés no dejó de contar para ninguno de sus entrenadores, hasta que coincidiendo casi con la llegada de Vicente del Bosque, abandonó por motivos económicos el Bernabéu en el mercado invernal de 1999.

Su destino fue el Inter de Milán, club al que llegó cedido hasta el final de aquella campaña y que desembolsó en junio 24 millones de euros para ficharle. Aunque, pese a ser fijo en el once inicial ‘neroazzurro’, la suerte no estuvo de su lado, ya que los éxitos se le resistieron. Tanto es así, que lo máximo que logró durante la dos temporadas y media que jugó con el cuadro lombardo fue el subcampeonato de la Serie A de la 01/02.


Este hecho, unido al interés del Milan, le hizo cambiar de bando al final de aquella campaña, lo que le granjeó la enemistad de los ‘tifossis’ de su anterior club. Sin embargo, este traspaso le permitió volver a engordar, y de qué manera, su palmarés. Porque los títulos no tardaron en llegar. No en vano, en su primer curso como ‘rossonero’ se hizo con la Copa, la Supercopa de Europa y la Liga de Campeones. En este sentido, Seedorf hizo historia aquel año, al convertirse en el primer jugador capaz de ganar la máxima competición continental con tres equipos diferentes. Pero aún quedaba muchísmo más.

Porque aquello fue sólo el punto de arranque a nueve temporadas durante las que se ha convertido en una auténtica referencia e institución en la escuadra de San Siro, siendo partícipe de dos Ligas, dos Supercopas de Italia, otra de Europa, un Mundial de clubes y otra Champions, que bien podrían haber sido dos si en aquella final de 2005, frente al Liverpool, los milanistas hubiesen tenido más puntería en la tanda de penaltis.


Quizás ese disgusto, junto al de no haber sido convocado por Van Basten para jugar el Mundial de 2006, es el único lunar de su carrera en una recta final en la que a su poderío físico y su gran visión de juego se han visto aún más fortalecidos si cabe por la experiencia. De este modo, y cuando está a punto de cumplir los 36 años, se le ve en plena forma, incluso mejor que hace 20 años, en el momento en el que empezó a hacerse notar en el Ajax.

Y es que aunque comparta vestuario con jóvenes como Valoti, Merkel o De Sciglio, que no habían nacido siquiera cuando él ya daba patadas a un balón como profesional, Seedorf no se achanta, demostrando que, a veces, se queda corto ese dicho de que “quien tuvo retuvo”, quizás porque no se tuvo en cuenta jamás que los ‘viejos rockeros’ como él, nunca ‘mueren’.

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