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El Ave Fénix entona la Marsellesa

Written By J. Julián Fernández S. on viernes, 16 de marzo de 2012 | 14:08


Hay equipos que justo después de tocar la gloria con la punta de los dedos han descendido de golpe al infierno. Clubes que se han visto obligados a tener que empezar de cero, tirar de paciencia y peregrinar durante años por el desierto hasta volver a reencontrarse con el éxito. Algunos, se pierden por el camino. Pero otros llegan a resurgir de sus cenizas, como el Ave Fénix.

Un claro ejemplo de este último grupo es el Olympique de Marsella francés, que ostenta el honor de haber sido el primer campeón de la historia de la Champions League, tras el cambio de nomenclatura de la 92/93, y que ahora, justo cuando se disputa la vigésima edición de esta competición bajo esta denominación, amenaza con volver por sus fueros. Aunque su retorno a las alturas continentales ha sido largo y tortuoso.


Curiosamente, todo comenzó poco antes de que la escuadra del Vèlodrome alcanzase su cénit. Faltaban tan sólo unos días para que aquel equipo formado por ‘cracks’ de la talla de Cantona, Papin, Voeller o Deschamps, entre otros, jugase su segunda final europea frente al Milan cuando saltó el escándalo: el Valenciennes denunció que el presidente del ‘OM’, Bernard Tapie, había comprado el encuentro disputado entre ambos, lo que destapó toda una red de compraventa de partidos que muy pronto tendría repercusiones negativas para la entidad.

Estas no llegaron antes del 26 de mayo de 1992, cuando en el Olímpico de Munich, un tanto del franco-costamarfileño Basil Boli daba al Olympique su primera Copa de Europa. De este modo, los pupilos del belga Raymond Goethals se convertían en el único conjunto galo que lograba ganar la máxima competición continental –honor que continúan conservando todavía hoy- y, de paso, se resarcían del subcampeonato cosechado dos campañas antes, en la 90/91, cuando cayeron en la tanda de penaltis frente al Estrella Roja de Belgrado.


Pero la alegría no duró demasiado, apenas unos meses. Porque la UEFA, curándose en salud, lo expulsó de la Champions, decidiendo que el Milan participase en su lugar en la Copa Intercontinental y la Supercopa de Europa. Eso sí, el título no cambió de manos. De igual modo, y pese a que se hizo esperar algo más, la Federación Francesa de Fútbol también se mostró implacable. No en vano, al término de la 93/94, en la que los del Vèlodrome terminaron segundos, decidieron desposeerles de la Liga del curso anterior y descenderlos administrativa a Segunda. En este sentido, la negativa del Paris Saint Germain a ser nombrado campeón hizo que, a efectos estadísticos, la Ligue 1 de la 92/93 quedase sin campeón.

Con todo ello, el Olympique se vio condenado a vagar por el ‘infierno’ durante dos temporadas, regresando a la elite del balompié galo al término de la 95/96. No tardaría en cogerle la medida a la máxima categoría, puesto que tan sólo un par de cursos más tarde terminó cuarto y volvió a jugar competición europea, concretamente la UEFA, en la que estuvo a punto de reverdecer viejos laureles continentales. No en vano, los marselleses llegaron a la gran final, en la que perdieron por 3-0 frente al Parma. Al año siguiente, regresarían a la Champions como subcampeones de Liga, auque sin ir más allá de la frase de grupos.


Sí que volvieron a llegar lejos de nuevo en la UEFA, en la 03/04, cuando sólo el Valencia de Rafa Benitez les pudo dejar sin el título, al ganarles por 2-0 en Gotemburgo. Todo parecía indicar que el gran ‘OM’ de los 90 estaba a punto de regresar, pese a que los trofeos se le resistían tanto a nivel nacional, donde se vio obligado a sufrir la tiranía de su 'tocayo' de Lyon, como internacional. Pero, de nuevo, el equipo experimentó un nuevo parón, hasta el punto de que en 2005 y 2006 sólo pudo llegar a Europa por la puerta de atrás, ganando la Intertoto, y sin hacer luego nada significativo.

Aunque todo cambió de nuevo a partir de la 06/07, cuando se convirtió por fin en un serio candidato a ganar la Ligue 1 y fijo en la Champions. Es más, en la 09/10, los del Vèlodrome por fin pudieron festejar un campeonato, concretamente la Liga, rompiendo así una nueva barrera de su particular retorno a las alturas. A partir de ahí, la siguiente meta estaba bien clara: hacer algo grande en el máximo torneo continental.


Y en ello están esta temporada, en la que por primera vez desde que fueron campeones, hace casi dos décadas, por fin han dejado atrás la fase de grupo e, incluso, los octavos de final, eliminando a todo un Inter de Milan. En este sentido, los pupilos de Deschamps cuentan a su favor con el factor sorpresa y toda la ilusión del mundo para volver a hacer algo grande en el concierto europeo.

Cierto es que, a priori, eran, junto al Apoel de Nicosia, los más apetecibles para cualquier rival en cuartos, pero en el fútbol, como reza el tópico, nunca hay rival pequeño. Así que, quién sabe, igual en la vigésima temporada de la Champions, puestos a conmemorar la efeméride, el campeón llega a ser el mismo que en la primera. Todo es posible, más aún cuando se tiene en cuenta que, como entonces, la final también será en Múnich y, además, al Ave Fénix encanta entonar los sones de la Marsellesa.

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